Palos pintados

Tito – El Admirado
Tito Salt fue uno de esos hombres que todos admiran. Aunque había nacido pobre en Inglaterra, tan pobre que no tuvo educación formal, se esforzó en superarse. Siendo aún muchacho encontró empleo en una fábrica de textiles. Con trabajo e ingenio fue ascendiendo, alcanzando mejores sueldos y jerarquía, hasta llegar a ser gerente. Pero no satisfecho con esto, al fin, con mucho esfuerzo y ahorro, logró comprar la fábrica.
Como patrón fue considerado y generoso con sus trabajadores, y construyó una población modelo para ellos. Todos le querían, y cuando llegó el tiempo de elecciones políticas, fue elegido fácilmente para representar al distrito en el parlamento, Parecía haberlo logrado todo, riquezas, posición, influencia y admiración. Sin embargo no estaba contento.

Tito – El Filántropo 
Se dedicó a hacer el bien a sus prójimos llevando a cabo obras sociales y filantrópicas. Su actuación fue tan aplaudida que llegó a la atención de la reina Isabel. Por sus servicios a la patria fue condecorado con el título de barón. Ahora, por encima de todos los demás logros, era famoso y respetado en todo el país. No le faltaba nada … ¿qué más pudiera desear?

Tito – El Desilusionado
Pero un domingo el barón, con el corazón aún vacío acudió a escuchar a un predicador. Le oyó contar una historia sencilla pero iluminadora. Decía que en su jardín tenía una cantidad de palos pintados para señalar donde había plantado diferentes flores. Un día se fijó en como unas orugas trepaban los palos. Lenta y trabajosamente ascendían hasta que al fin lograban llegar al punto más alto. Allí estiraban sus pequeñas cabezas en una y otra dirección buscando mayor altura, o algún brote u hojita suculento para satisfacer su apetito, Pero nada encontraban sino vacío y viento, Desilusionados, tuvieron que descender. Lo que habían trepado no eran plantas ? eran sólo palos, palos pintados pero palos.
Y comentaba el predicador: «En este mundo hay muchos palos pintados, Hay palos pintados de placeres, de riquezas, de fama, popularidad y poder. Todos estos llaman a los hombres, diciendo, ‘Súbeme y te daré lo que anhelas’, ‘Súbeme y te sentirás realizado … hallarás satisfacción y felicidad’. Pero al igual que las orugas de mi jardín, cuando llegan arriba no encuentran nada sino la punta pelada de un palo pintado.»

Tito – El Creyente En Cristo
Al día siguiente el predicador tuvo una visita. Ya se lo imaginan ?era Don Tito. «Yo estuve entre sus oyentes ayer,» dijo, «y escuché lo que contó acerca de los palos pintados. ¿Sabe Ud.? Toda mi vida yo he estado escalando nada más que palos pintados. Estoy cansado, Dígame, para un millonario desilusionado como yo ¿hay verdadero descanso?»
Con cuánto gozo el predicador le contó a su visita hambrienta acerca del Salvador que dijo: «Venid a Mi todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar». Mateo 11:28. Le explicó que aun lo más noble y bueno que el mundo ofrece jamás podrá satisfacer las ansias del corazón humano. ¿Por qué? Primeramente porque no le libra del pecado. El pecado es una carga que pesa sobre la conciencia, recordando al pecador de la sentencia de condenación eterna que pesa sobre él. Como dijo David en el Salmo 38: «Mis iniquidades … como carga pesada se han agravado sobre mi». Además, el pecado es una carga que pesa sobre el corazón, privándole de libertad y gozo. Jesús declaró: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado». Juan 8:34. Aun el más rico, el más grande, el más culto o religioso, si no ha sido libertado, no es más que un desdichado esclavo. Pues la Escritura también afirma: «No hay diferencia, por cuanto todos pecaron». Romanos 3:22,23.
¿En qué consisten, entonces, el descanso y la felicidad? Ante todo en ser librados de la carga del pecado. ¿Cómo? Sólo viniendo directamente al Señor Jesucristo. Recordemos que El ha prometido, «Venid a Mí … Yo os haré descansar». El quita la carga, porque El la llevó. Como lo expresó el apóstol Pedro,
«Quien llevó El mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero». 1 Pedro 2:24.
Pero la felicidad y el descanso consisten además en gozar de la presencia y amistad del Señor, aprendiendo de El mediante Su Palabra, sometiéndonos a Su dirección y voluntad. Por eso El añadió: «Llevad Mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí». Mateo 11 ?29,
Tito Salt no demoró en responder al llamado de Cristo. Creyendo de corazón en El halló lo que el mundo jamás pudo proporcionarle: el descanso y la satisfacción verdadera.
Y Ud., amado lector, ¿no querrá hacer lo mismo?
(Adaptado).