El viejo predicador

SU MENSAJE ES CONVINCENTE
A todo amante de la verdad le gusta oír hablar a un buen predicador: a un predicador fiel y valiente que no tema decir toda la verdad. Tales predicadores no abundan en nuestros días pero hay un predicador que sigue predicando día tras día y año tras año con la misma fidelidad de siempre. No se deja influenciar por las opiniones de nadie, ni se adapta a los tiempos cambiados. Ha predicado ya por mucho tiempo y en realidad es el predicador más viejo del mundo aunque no ha disminuido la fuerza de sus pláticas. Lo que dice es muy convincente y nadie se atreve a contradecirle. Con todo, no es popular, aunque tiene por parroquia al mundo entero. Visita al rico y al pobre. Todos le escuchan con respeto.

SU PREDICACIÓN ES CONMOVEDORA
Es elocuente. Mueve y despierta los sentimientos y emociones más hondas como nadie ha podido hacerlo. Hace brotar lágrimas de ojos poco acostumbrados a llorar. Dirige la palabra al entendimiento, a la conciencia, y al corazón de sus oyentes. Nadie ha podido jamás refutar sus argumentos, ni hay corazón que haya quedado del todo insensible ante la fuerza de sus prédicas. Predica a la gente de toda religión y a la que no profesa ninguna. Y aunque es aborrecido de la mayor parte de los hombres, de una u otra manera se hace oír de todos.

SU VISITA NO ES BIENVENIDA
No es refinado ni cortés. A veces interrumpe los actos públicos y las funciones sociales y se entremete en los placeres privados de quienes ni desean verle. Ronda las puertas del teatro y del salón de bailes, y nunca está muy lejos de la taberna. Entra lo mismo en el claustro del religioso como en la fábrica y la cárcel; no hay castillo ni palacio que le espante, Su nombre es …
¡¡ La Muerte !!

SU ALCANCE ES UNIVERSAL
Del viejo predicador habrás oído tú muchos sermones. Cada periódico le dedica una o más columnas. Las tumbas le sirven de púlpito y a menudo se ve a su auditorio desfilar por la calle. Toda señal de luto recuerda una visita suya. ¿Y no es cierto, amigo querido, que a ti también se ha acercado alguna vez, y algo ha dicho al oído tuyo? La partida de ese vecino, la pérdida de ese amigo estimado, la solemne despedida de aquel padre querido, el abismo terrible que quedaba en tu corazón cuando la esposa amada, o el niño adorado, te fue arrebatado: todos éstos fueron llamamientos solemnes del viejo predicador. Y un día muy pronto podría tomarte a ti por texto y en el círculo de tu familia atribulada, podría estar predicando a otros.

EL ENCUENTRO CON EL ES INELUDIBLE
Puedes deshacerte de la Biblia. Puedes despreciar sus enseñanzas, desoír sus advertencias, y rechazar al Salvador en ella ofrecido. Puedes alejarte de los predicadores del evangelio y si no te agrada la lectura de este folleto, puedes botarlo. Pero cuando te hayas deshecho de la Palabra de Dios y de sus servidores, ¿qué harás con el viejo predicador de quien hemos hablado? ¿Tienes algún plan para jubilarlo? ¿0 esperas que algunos años más de ciencia y cultura le hagan desistir de sus molestas prédicas? Ha seguido indiferente a los acontecimientos y opiniones variables de miles de años, y no es probable que cambie en su vejez.

SUS ARGUMENTOS EXIGEN UNA RESPUESTA 
Considera, oh mortal, la perspectiva que está delante de ti. Pronto tu pequeño día habrá pasado, tus placeres y preocupaciones habrán terminado, y todo lo terrenal habrás dejado atrás para siempre. Tú sabes que tienes que morir, ¿no es cierto? Pero, ¿cuándo morirás? Debes reconocer que es cosa que puede ocurrir a cualquier edad y sin previo aviso. Esto lo ha dicho el viejo predicador muchas veces. Otra pregunta aun más importante es ésta, ¿cómo morirás tú? ¿ En qué estado de alma te hallará la muerte? Dichosos aquellos que pueden afirmar que por la gracia de Dios y la fe en Jesucristo están preparados ya para esa solemne eventualidad.

¿CUÁL SERÁ TU RESPUESTA ?
Pero todos no pueden decir que están preparados. A una gente muy respetable de Jerusalén, Jesús tuvo que decir una vez: «Vosotros en vuestros pecados moriréis: a donde yo voy, vosotros no podéis venir.. Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» Esa es una manera de morir: morir en los pecados, morir sin salvación. Pero la Biblia también habla de otra manera de morir. Habla de quienes «murieron en la fe»; y dice: «Bienaventurado los que mueren en el Señor» Estos son los que, reconociéndose pecadores y necesitados de salvación, han mirado por la fe a Cristo, el Salvador, que murió para librarnos de la condenación que nuestros pecados han merecido, y han hallado en él perfecta paz y seguridad.
Para tu bien eterno volvemos a hacerte esta pregunta importantísima.

¿CÓMO MORIRÁS TÚ?
está establecido para los hombres
que mueran una sola vez,
y después de esto
el juicio
Hebreos 9:27