Lecciones de Esparta (II)

Posted on mar 12, 2018

Ayer mencionamos que Lacedemonia o Laconia era una región de la antigua Grecia cuya capital era Esparta. Esta ciudad es famosa por su confrontación contra el imperio persa de Jerjes I, cuando lideró bajo el mando de Leónidas una alianza de polis griegas en la llamada Segunda Guerra Médica. Hay enseñanza interesante para los creyentes el día de hoy

 

“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza” Hebreos 10:23

La batalla más famosa entre los persas y los griegos ocurrió en el paso de Las Termópilas y duró tres días. Mencionamos acerca de un monumento que recuerda una célebre frase de Leónidas “Ven y tómalas”, respondiendo a los persas quienes le habían pedido que depusiera sus armas antes de la batalla. Pero en este monumento, además de la frase señalada se lee un epitafio que dice:

“Extranjero, ve a Lacedemonia y diles que dimos la vida honrando sus leyes”

Esta frase es impactante. Entrega un testimonio de que estos hombres dieron la vida luchando, y que hasta la muerte fueron fieles a las leyes de la patria, su patria terrenal. Me hace pensar en un llamado es parecido a los cristianos, ahora no para permanecer fieles a una nación de este mundo sino a la patria celestial, a la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10). La exhortación bíblica dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10). El pasaje también nos recuerda la gran nube de testigos de Hebreos 12 que, expectante, parece mirar la vida de cada uno de los creyentes en su andar y luchas por este mundo. Tal vez estos griegos tenían su mirada puesta en un paraíso que, según su religión, les recibiría con honores después de haber luchado tan valerosamente.

El creyente, en cambio, es alentado a poner sus ojos en Jesús, “el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2). El ejemplo es uno que “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (v. 2). El Hijo de Dios vino para cumplir la ley (Mateo 5:7), y lo hizo de manera perfecta, “sin pecado” (Hebreos 4:15). Sólo él podía decir que hasta el final cumpliría la ley de su Dios :” A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él” (Marcos 14:21).

¿Podría cada uno de nosotros llegar a dar la vida por fe y –hasta el final– honrar a Dios y a su Palabra guardando las leyes y preceptos divinos?. La bravura y valentía humanas son digna de admiración, pero estos pueblos y civilizaciones perecieron.

Mejor poner la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra (Colosenses 3:2) y en Cristo, nuestro modelo a imitar. -rc

 

Lectura Diaria:
1 Cronicas 22-23 [leer]
/Ezequiel 20:45-21:32[leer]
/Juan 7:31-8:11 [leer]