Yo confío en Dios

Posted on feb 14, 2018

Vivir en comunión con Dios hace que el cristiano hable con confianza en cuanto a su vida y las cosas que le acontecen. Sencilla fue la expresión de Pablo, YO CONFIO EN DIOS. Lea acerca de la situación en que Pablo expresó su confianza.

“Yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.” Hechos 27:25

Pablo había apelado su caso de arresto injustificado a César cuando los judíos insistían en que fuera llevado a Jerusalén. Ellos querían matarle en el camino, pero cuando apeló a César, no hubo alternativa para el gobernador Festo sino enviarle a Roma a cargo de un centurión. Fue un viaje de muchos kilómetros y de varios meses en barco. En el muelle del puerto de Sidón, Pablo se despidió de un grupo de hermanos antes de embarcarse, un favor concedido por el centurión Julio. Lucas escribió que el hombre trató “humanamente a Pablo” Hechos 27:3. Si un hombre del mundo supo actuar de esta manera, el cristiano, motivado por el Espíritu Santo, debe ser capaz de una conducta aún más noble en sus tratos con otros.

Pablo está acompañado de Aristarco y Lucas (v.2) y seguramente fue motivado por el amor cristiano de los dos para con su hermano quien había sufrido unos años de prisión. Los dos cumplían con lo que dice en Hebreos 13:3, “acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”. Años más tarde en la cárcel en Roma, esperando su muerte como mártir, Pablo escribió “sólo Lucas está conmigo”. El servicio abnegado y silencioso de Lucas cual siervo del Señor recibirá su recompensa ante el Tribunal de Cristo.

En la primera parte del viaje hubo problemas con el viento y cambiaron a una nave egipcia que iba a Italia. Con muchas dificultades, llegaron a Buenos Puertos. Sabiendo por experiencia lo peligrosa de la navegación, Pablo aconsejó a los oficiales que se quedaran en Buenos Puertos. La sabiduría de Pablo tenía su fuente en la comunión estrecha que tenía con Dios, y en su sinceridad para buscar el bienestar de otros. El piloto y el patrón de la nave opinaron de otra manera, y el centurión optó por dar crédito a ellos. Los vientos aparentemente favorables les animaban a creer que todo estaba bien. Así empezaron días y noches de terror, en que los navegantes llegaron a creer que iban a perder sus vidas. Reforzaron la nave con sogas por debajo y la aligeraron arrojando fuera los aparejos de la nave, cosas consideradas innecesarias para la navegación. En medio del terror y la confusión Pablo habló a los 270 almas a bordo. Su sencillo testimonio fue: “YO CONFÍO EN DIOS”. Este tuvo un efecto tranquilizante sobre los de a bordo. Pablo vivía en comunión con Dios y por eso estaba en condiciones de animar y consolar a otros. Cuando Pablo testificó “YO CONFÍO EN DIOS”, no se amedrentaba frente a los peligros de un naufragio inminente, y su ejemplo demostraba el valor de su fe. ¿Acaso hablaríamos nosotros con tal seguridad si nos encontráramos en una situación similar a Pablo? Lea la historia completa en los Hechos 27. –DAJ

 

Lectura Diaria:
1 Samuel 3 [leer]
/Isaías 46 [leer]
/2 Corintios 6:11-7:16 [leer]