PRIMERA EPÍSTOLA DE JUAN 3_16 — (056)

Posted on dic 3, 2017

No hay mejor ejemplo del amor que el amor demostrado por el Señor Jesús cuando fue a la cruz. La contemplación de ella debe causar repercusión en nosotros.


“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” 1 Juan 3:16.

Juan ha dejado en claro en verso 15 que cuando alguien aborrece a otro, es como privarle de consideración y tratarle como un muerto. Alguien ha dicho, “A quienquiera le aborrece, le desea muerto”. El texto de cabecera apunta hacia el mayor despliegue de amor que ha habido, el amor de Jesús por los suyos en la cruz de la Calavera. Hay muchas maneras de apreciar el sacrificio hecho por Jesús cuando murió en la cruz. Una de ellas es que con su entrega el Salvador dio a conocer la esencia del amor. El amor se demuestra a través del interés en promover el bienestar del otro. Tal interés puede significar estar dispuesto a sacrificar lo que es de uno para beneficiar al otro. La expresión del amor en su forma más alta fue cuando el Señor Jesucristo puso su vida por amor a nosotros. Es un ejemplo digno de seguir.

Juan el apóstol sugiere que la contemplación del amor de Cristo para con nosotros no debe dejar a nadie indiferente. “Debemos poner nuestras vidas por los hermanos” incumbe a todos los salvados. El salvado por Cristo debe estar dispuesto a usar su tiempo, su energía, sus posesiones, en fin, todo lo que es suyo para beneficiar a los otros. De esto se trata la respuesta práctica de nosotros para poner nuestras vidas por los hermanos. El espíritu del amor que llevó a Cristo a dar su vida por nosotros es el mismo que producirá una actitud semejante en nosotros. ¿Cuándo fue la última vez que hizo un favor a un hermano en la fe?

Durante los siglos ha habido casos excepcionales de cristianos que han dado su vida por causa de la verdad. Ha habido profetas, apóstoles y mártires que dieron su vida para que otros pudieran escuchar el evangelio. Hoy hay hermanos que contribuyen dinero para que los evangelistas puedan llevar el evangelio a lugares remotos. Hay hermanas de edad que pasan horas tejiendo para los bebés que nacen en una clínica misionera en la selva. Hay jóvenes que se han turnado para acompañar a un enfermo en las horas de la noche. La situación financiera de una familia era precaria y no había posibilidad de tomar una vacación que los padres necesitaban. Calladamente alguien mostró amor sacrificial y un domingo en la mañana un hijo halló un sobre por debajo de la puerta. La persona en forma anónima había dejado suficiente dinero para pagar dos semanas de descanso. Otro ejemplo fue dado por una hermana joven que acompañaba a una hermana que tenía problemas con un embarazo. Era cercano a la media noche cuando se presentó la necesidad de ayuda médica. No pudieron hallar a nadie dispuesto a llevarle al hospital. Llovía copiosamente y las dos mujeres se encomendaron al Señor y con sumo cuidado bajaron por la ladera del cerro resbaladizo. No sabían si iban a encontrar algún modo de transporte. De repente apareció una ambulancia volviendo de un lugar y se las llevaron al hospital. Fue una provisión del Señor. ¿Sabemos poner nuestra vida por los hermanos? –daj

Lectura Diaria:
1 Reyes 10 [leer]
/Jeremías 18 [leer]
/Filipenses 3-4:1 [leer]