Primera epístola de Juan 2_25 — (035)

Posted on oct 9, 2017

Las promesas de Dios no son como otras. Se extienden más allá de la vida y alcanzan hasta la eternidad, Lea de la promesa de la vida eterna.
“Y ésta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.” 1 Juan 2:25 

El texto de cabecera establece que Dios ha hecho una promesa. El aspecto predominante de ella es que jamás terminará. Es eterna. En el verso 24 Juan el apóstol mencionó la palabra “permanecer” tres veces. Así nos hace ver que el carácter de Dios queda estampado en cada acto que realiza. Dios es eterno y ama eternamente. Esto es reconfortante. Cuando Dios nos salva, salva eternamente. El mundo está marcado por arreglos de corta o larga data. La mayoría de los contratos especifican ciertos límites de tiempo después de lo cual es necesario renegociar. Sin embargo, cuando Dios trata con nosotros, es para toda la eternidad. Nos perdona y el perdón perdura para siempre. En la esfera humana las promesas hechas entre los seres humanos no pueden ser eternas pues ninguna persona es dueña de su vida futura a perpetuidad. En los votos nupciales, aunque los contrayentes estén dispuestos a asumir el compromiso de por vida, dicen “hasta que la muerte nos separe”. No es así cuando Dios salva al pecador. La promesa de él es “vida eterna”.

Dios es un ser eterno. Del Hijo de Dios, Pablo escribió en Colosenses 1 “él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” v.17. Por eso, los que son salvos son descritos como los que “permaneceréis en el Hijo y en el Padre” 1 Juan 2:24. Tener este conocimiento de la promesa de Dios produce un sentir de seguridad al saber que a pesar de los vaivenes de la vida y la posibilidad de verla truncada por la abrupta aparición de le muerte, no es más que una puerta que permite el traspaso de una esfera a otra para continuar gozando de todo lo que Dios tiene para sus hijos. Ninguna otra fuente en el mundo puede fortalecer al cristiano como la verdad de la vida eterna. No solamente significa estar en el cielo en la presencia de Dios, sino es disfrutar ahora de todo lo que Cristo nos regala con la vida eterna. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” Efesios 1:3.

Tener la vida eterna depende de una Persona, es decir, de tener a Cristo Jesús como Salvador. “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17:3. “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 6:23. “Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” 1 Juan 5:11. El testimonio de Dios es claro. Resta para nosotros disfrutar de todos los beneficios que la vida eterna trae ahora, pensando también en la grandeza de la promesa para el futuro sin fin. –daj

Lectura Diaria:
Josué 23 [leer]
/Isaías 17-18 [leer]
/2 Tesalonicenses 2 [leer]