Cristo enseña grandes verdades a los suyos

Posted on jul 5, 2011

“Tardos de corazón para creer” es una cita de la boca de Jesús cuando conversaba con los dos de Emaús pues no creían la noticia de su resurrección. Examinemos nuestro corazón al considerar el tema de hoy.
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”. Lucas 24:45. 

¿Cómo habría sido estar presente en el aposento alto y tener al Señor Jesús con nosotros el mismo día de su resurrección? No tenemos que adivinar cuál fuera el tema que tomó Jesús con los suyos. Cuando Jesús entró en el aposento alto, la pareja que había conversado con Él en el camino a Emaús recién había llegado y contaba a los discípulos lo acontecido en su viaje y en su casa. Entró Jesús y sus primeras palabras fueron “Paz a vosotros” Lucas 24:36. El Salvador vio que estaban espantados y atemorizados pero con ternura preguntó “¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?” v.38. El problema de ellos fue que todavía no creían cien por ciento que Jesús hubiera resucitado. ¿Cuántas veces tienen que escuchar los discípulos la noticia antes de creerla? Varios habían atestiguado de la realidad de su resurrección, incluyendo algunas mujeres, los dos de Emaús y algunos discípulos y ahora al presentarse Jesús personalmente ante ellos, piensan que “veían espíritu” v.37. ¿Seríamos más crédulos que ellos? Cada uno puede responder.

Para apaciguar sus temores, Jesús les mostró sus manos y sus pies marcados por los clavos. Les invitó a tocarle explicando que “un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” v.39. Ni con todo eso “lo creían”. Jesús pidió algo que comer y le dieron “un pez asado y un panal de miel… y comió delante de ellos” vv.42-43. Enseguida explicó que todo lo acontecido con su muerte, sepultura y resurrección lo debían saber por “las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” v.44. De ahí Jesús comenzó a dictar una clase magistral a la cual a todo hijo de Dios le habría gustado escuchar; “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” Lucas 24:45.

Escuchar a Jesús explicar las Escrituras sería una experiencia maravillosa. Si los dos en el camino a Emaús se refirieron al ardor de su corazón mientras les hablaba en el camino, ¿sería el corazón nuestro menos sensible que él de ellos? Al solo pensarlo, mi corazón quiere abrirse para saber más de Él. En aquel momento no existía aun el Nuevo Testamento, pero sí tenían la ley de Moisés, los profetas y los salmos del Antiguo Testamento. Jesús explicó las partes que tenían referencia a Él. ¿Qué es lo que habían escuchado de su boca? Entre las verdades que mencionó, seguramente Jesús se presentó como el Hijo eterno, el Hombre verdadero, el Siervo perfecto, y el Rey majestuoso. Son temas preciosos y Jesús terminó explicando que “así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día” v.46. Luego les encargó la tarea de anunciar estas grandes verdades a todo el mundo. Tuvieron que esperar le llegada del Espíritu Santo para ser “investidos de poder desde lo alto”. Este poder es el que recibe toda persona que acepta a Cristo Jesús como su Salvador y Señor. Da testimonio de las grandes verdades referentes al Señor Jesús. –daj

Lectura Diaria:
Josué 22 [leer]
/Isaías 15-16 [leer]
/2 Tesalonicenses 1 [leer]